El hombre, al que ella presentaba como su abogado pero se comentaba que era su amante, se despidió con un beso en la mejilla.
El sol brillaba en su máximo esplendor, ubicándonos en una tarde en la que la distinguida mujer se adentraba en las calles más oscuras del barrio chino. Al detener su Porsche en un esquina, un hombre de rasgos orientales rápidamente abrió la puerta del copiloto y subió al vehículo.
- No sabía que manejaba. - Le dijo este. - Solo cuando es necesario. Respondió ella con cierto desprecio. - ¿Tienes mi encargo? - agregó ella. - Le di una fecha y hoy se cumple... Es un amuleto especial y no fue fácil quitárselo al dueño. - Le explicó Yin. - ¿Donde esta? - Preguntó Selena con cierta impaciencia. - Sigamos dos cuadras y a la derecha. Lo llevaré hasta él. - Explicó el chino.
Selena observaba su reloj y notó que ya habían transcurrido veinte minutos desde que Yin la había abordado. El hombre salió a medio cuerpo desde la entrada de un viejo edificio y le hizo una señal a la mujer para que se acercara. Ambos subían las viejas escaleras y tras cruzar un oscuro pasillo, entraban a un cuarto en donde el cuerpo de un hombre decapitado yacía sobre la cama ensangrentada. Una hermosa mujer con rasgos orientales limpiaba su hacha poniéndole énfasis a las puntas de su arma. Selena Luczak se mantenía de pie, pero petrificada con la crueldad de la escena, cierta sensación de nauseas se asomaban a ella cuando vio la carne cercenada del cádaver.
Yin sacó una vieja pipa de su discreto saco y dijo: - Nunca decepciono a mis clientes mi señora. - Mientras colocaba el tabaco y lo encendía. La mujer no sabia que contestar. El hombre señaló la cómoda de habitación. - Ahí está el amuleto de su esposo, como le dije, no fue fácil. La mujer se acercó con cierto temor a la cómoda y antes de tomar el amuleto reparó en una libreta que contenía tachado el nombre de Clyde Barker y seguido a este el de Franz K. Luczak igualmente tachado.
El reloj de Selena marcaban las dos de la tarde cuando ella se acercó al mueble a tomar el preciado objeto. En ese mismo instante Yin recibió una llamada, la voz en el teléfono le mencionó un nombre. El chino levantó la mirada hacia Selena y ambas se cruzaron en unos segundos interminables.
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