lunes, 22 de junio de 2015

SENSACIONES: Cuando pase el temblor.

Aquella noche, él no lograba cerrar los ojos. Sabía que lo que había hecho estaba mal pero no podía dejar de pensar en ella. Tomó su almohada, se la colocó entre las piernas, se encogió y trato de dormir pero a los pocos segundos volvía a estar en posición recta y con los ojos pegados al techo.

Cerró los ojos y recordó como sus dedos acariciaron su piel tersa en un recorrido que empezó desde su oscuro cabello hasta sus pequeños labios. No pensaba que podía pasar después, solo era vivir el momento y ser cómplices de un secreto. Comparaba la suavidad de su epidermis con la de una seda, fascinado por su absoluta perfección. Las miradas que se cruzaron fijamente fueron cerrándose mientras él se acercaba lentamente a su boca tocar sus labios en un primer beso, una mezcla de ternura y desesperación.

Su respiración se aceleraba mientras sentía como un ligero escalofrío trataba de apoderarse de su cuerpo. De la rosada boca pasó tímidamente a su delgado cuello, removiendo del paso el brillo de su cabello y con la intención de explorar más hacia el sur de su anatomía, la libertad de sus actos confirmaban la disposición de ella.

Mientras con una de sus manos trataba de ubicar el broche del bra, la otra aprisionaba el delgado cuerpo de cómplice contra el suyo. Esta fricción no hacía más que aumentar su desesperación por descubrir la fineza de una piel que se escondía debajo de un polo de tiras negro. Un “tic” se hizo escuchar desde su delgada espalda confirmándose que había logrado su objetivo, sin otorgarle un segundo al tiempo, ubicó ambas manos cerca de su extensa cintura para continuar desnudándola, grande fue la sorpresa cuando ella se anticipó y logró ponerlo a piel primero a él.

De pronto sintió que no podía controlar lo que corría por sus venas, aquel temblor en el cuerpo se acentuaba conforme ella iba besando su pecho y él inspeccionaba sus desnudos senos. Las manos de ella, que ahora dominaba la noche, se situaron sobre los botones que ajustaban su oscuro pantalón y en un parpadeo, él, sintió la libertad de sus caderas. Sin esperar a que termine en el piso, ella, niveló rápidamente la ropa interior que ya no lo cubría y con una de sus manos lo sujeto fuertemente… 

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